La NASA prueba un sistema que convierte residuos humanos en agua, alimentos y piezas impresas en 3D
La NASA lleva semanas probando una instalación de tratamiento de aguas residuales diseñada para bases lunares y marcianas, y el resultado es más ambicioso de lo que parece: el sistema no solo recupera agua potable, sino que transforma los desechos del equipo en fertilizantes, cultivos y plástico para impresoras 3D. El proyecto se llama Divergent Deployable Wastewater Treatment Facility y su éxito podría determinar si las misiones de larga duración del programa Artemis son económicamente viables.
El problema logístico
Llevar suministros básicos al espacio cuesta en torno a 1.500 dólares por kilogramo. En una misión lunar de larga duración, depender de reabastecimientos desde la Tierra es sencillamente insostenible. La respuesta de la NASA pasa por los sistemas de ciclo cerrado: reutilizar todo lo que produce la tripulación en lugar de traer más desde casa.
La instalación está siendo probada en el laboratorio Integrated Lunar/Martian Analog Habitat de la Universidad de Dakota del Norte, un recinto que simula las condiciones de un hábitat lunar o marciano. Está alojada en un tráiler móvil de unos 2,6 por 7,3 metros y está diseñada para tripulaciones de entre 4 y 8 personas.
Tres biorreactores, una granja y plástico biodegradable
El sistema separa los residuos en corrientes independientes: heces y desperdicios orgánicos van al primer biorreactor, que los convierte en fertilizante líquido; la orina y las aguas grises —procedentes de la ducha y el lavado— pasan por los otros dos reactores para recuperar agua apta para el consumo.
El paso más llamativo es el siguiente: ciertos microorganismos procesan los residuos y producen ácido láctico, que luego se transforma en poliácido láctico (PLA), el bioplástico habitual en la impresión 3D. Lo que un astronauta desecha por la mañana podría convertirse días después en una pieza de repuesto para la base.
El fertilizante obtenido alimenta directamente una granja hidropónica vertical integrada en el mismo tráiler. Los investigadores comparan la velocidad de crecimiento de los cultivos usando esos fertilizantes «espaciales» frente a abonos industriales convencionales.
Relevancia para el sector espacial español
Empresas españolas como Airbus Defence & Space y Sener ya participan en módulos del programa Artemis. Integrar tecnologías de ciclo cerrado de agua y nutrientes complementaría de forma natural esas contribuciones estructurales. España también ha firmado acuerdos con la ESA sobre sostenibilidad orbital, lo que sitúa este tipo de investigación en línea directa con los compromisos adquiridos.
Más allá del espacio, los biorreactores probados aquí podrían tener aplicaciones terrestres en entornos con recursos hídricos limitados, un campo de creciente interés en zonas áridas como el sureste peninsular.
La NASA prevé que los datos recogidos en Dakota del Norte alimenten los análogos de aislamiento de larga duración del Centro Espacial Johnson, acelerando la madurez tecnológica antes de que Artemis establezca presencia humana permanente en la Luna.