El rover FLIP busca el combustible del futuro en la Luna
A finales de 2026, la empresa estadounidense Astrolab enviará a la Luna su rover FLIP (FLEX Lunar Innovation Platform) a bordo del módulo de aterrizaje Griffin-1 de Astrobotic, lanzado en un cohete Falcon Heavy de SpaceX. La misión no es solo ciencia: FLIP es un banco de pruebas para las tecnologías que podrían llevar a astronautas a explorar el polo sur lunar en los próximos años, y una baza en un contrato de NASA valorado en 4.600 millones de dólares.
La carga científica
FLIP llevará cuatro instrumentos de la NASA. El más llamativo es METAL, desarrollado junto a la empresa Interlune, diseñado para detectar helio-3 en el regolito lunar. Este isótopo es casi inexistente en la Tierra —su precio ronda los 20 millones de dólares por kilogramo— pero se estima que la Luna alberga más de un millón de toneladas. Si la fusión nuclear comercial llegara a ser viable, el helio-3 lunar sería una fuente de energía sin precedentes, aunque ese escenario sigue siendo experimental y con plazos inciertos.
El rover también transportará el sistema LDES para estudiar el impacto del polvo lunar sobre los equipos. El polvo en la Luna no es suave: son micropartículas afiladas que desgastan mecanismos y trajes espaciales. Además, FLIP incluye un lidar para cartografiar el terreno y un retroreflector láser para medir con precisión la distancia Tierra-Luna.
La carrera por el contrato lunar
Astrolab no está sola en esta competición. La NASA seleccionó en abril de 2024 a tres empresas para competir por el contrato LTV (Lunar Terrain Vehicle): Astrolab, Intuitive Machines —respaldada por Boeing y Northrop— y Lunar Outpost, aliada de GM y Lockheed Martin. El contrato, de hasta 4.600 millones de dólares a lo largo de 15 años, financiará el vehículo tripulado que usarán los astronautas del programa Artemis, según recoge el análisis de SpaceNews.
La ventaja de Astrolab es que FLIP volará antes de que NASA tome su decisión final, lo que le aporta datos reales de operación lunar frente a rivales que solo tienen simulaciones. Según el comunicado oficial de Astrolab, el rover está casi listo y pronto comenzará pruebas de vibración, impacto y temperaturas extremas —el protocolo estándar para cualquier aparato que no tendrá servicio técnico a 384.000 kilómetros de distancia.
España, fuera de la carrera
No hay ninguna empresa española en esta competición. El sector espacial nacional —con compañías como PLD Space o Elecnor— está enfocado en lanzadores y servicios de satélites, no en rovers autónomos. A nivel regulatorio, el Tratado del Espacio Exterior de 1967 declara la Luna "patrimonio común de la humanidad", pero no establece normas vinculantes sobre extracción de recursos. España carece de posición propia en ese debate, mientras EE. UU. avanza con un modelo comercial propio.
Las tecnologías de baterías y ruedas que FLIP valide —desarrolladas con Venturi Space— podrían trasladarse al rover tripulado de Artemis. El objetivo final es claro: movilidad autónoma en la Luna, con o sin astronautas a bordo.