Cómo los burócratas rusos crearon SpaceX sin quererlo
Elon Musk no fundó SpaceX para dominar el espacio. Lo hizo porque unos funcionarios rusos se rieron de él. Lo que empezó como un proyecto filantrópico de 100 millones de dólares terminó creando la empresa que hoy controla el acceso orbital de Estados Unidos y presiona al programa europeo Ariane.
El invernadero marciano
En 2001, Musk tenía una idea inusual: enviar un pequeño invernadero a Marte, hacer germinar una planta en suelo rojo y publicar la foto. El golpe de efecto, bautizado como Mars Oasis, buscaba despertar el interés público y presionar al Congreso para que aumentara el presupuesto de la NASA. El presupuesto era de unos 100 millones de dólares, toda una apuesta personal.
Para abaratar costes, Musk viajó a Rusia en octubre de 2001 y de nuevo en febrero de 2002 para negociar la compra de misiles balísticos intercontinentales reconvertidos. ISC Kosmotras fijó el precio en 8 millones de dólares por unidad. Cuando Musk regresó con una propuesta en firme, el precio había subido a 21 millones por cohete. Según relatan varias fuentes, los vendedores rusos trataron al empresario con desdén, como si fuera un aficionado sin credibilidad, tal y como detalla Inverse: Cuando SpaceX intentó comprar misiles rusos.
Elon didn’t start SpaceX to build a rocket company:
— David Senra (@davidsenra) May 21, 2026
“The original vision for SpaceX was not to start a launch company. Elon’s original goal was to increase NASA’s budget, and he was willing to just burn 100 million dollars on a philanthropic mission to display a greenhouse on… https://t.co/CeUlg8u2dO pic.twitter.com/CPyPS2PlVw
La reacción de Musk fue inmediata: si comprar un cohete era imposible por burocracia y precio, construiría uno propio. SpaceX se fundó en 2002 directamente a partir de esa decisión, según recoge la Wikipedia: History of SpaceX.
Del invernadero al Starship
Lo que nació como alternativa de emergencia es hoy el mayor proveedor de lanzamientos comerciales del mundo. SpaceX ha reducido el coste por lanzamiento a entre 15 y 60 millones de dólares, frente a los más de 200 millones que cobraba ULA en la década de 2010. Arianespace, que también resultó demasiado cara para Musk en 2001, sigue perdiendo terreno en el mercado comercial.
El último hito llega ahora: Starship V3 completó su segundo ensayo de carga completa de combustible (Wet Dress Rehearsal) en mayo de 2026, preparando el camino para el Vuelo 12. El vehículo incorpora los motores Raptor 3, con 250 toneladas de empuje a nivel del mar y unos 105 kg más ligeros que la generación anterior, según informa Space.com: Starship Flight 12 May 2026.

Starship V3 durante los preparativos para el Vuelo 12, con los nuevos motores Raptor 3.
Lo que esto significa en España
La lección de 2002 sigue siendo vigente: los mercados cerrados no sobreviven a quienes tienen recursos para sortearlos. Europa, con Ariane 6 todavía ajustando su cadencia de vuelos, tiene cada vez menos margen para competir en precio. En España, operadores de satélites y empresas que dependen de conectividad orbital —incluidas las divisiones de telecomunicaciones por satélite de Telefónica— miran cada vez más hacia SpaceX para garantizar acceso al espacio. La soberanía espacial europea, en cambio, requiere una apuesta seria por alternativas propias antes de que la brecha se vuelva insalvable.