El 70% de los estadounidenses prefiere vivir junto a una central nuclear antes que a un centro de datos de IA
La inteligencia artificial necesita enormes instalaciones físicas para funcionar, y cada vez más vecinos dicen que no quieren esas instalaciones cerca de sus casas. Según una encuesta de Gallup de marzo de 2026, el 70% de los estadounidenses se opone a que se construyan grandes centros de datos en sus comunidades, con un 48% que lo rechaza de forma rotunda. Hace apenas unos años, ese porcentaje era del 47%. El giro es brusco, y las razones van mucho más allá del rechazo instintivo a lo desconocido.
El coste real para el bolsillo
Durante años, los gigantes tecnológicos vendieron sus instalaciones como fuente de empleos e ingresos fiscales para municipios pequeños. El problema es que el hambre energética de la IA ha roto ese trato implícito. En algunas zonas de EE.UU., las tarifas eléctricas han subido un 267% en los últimos cinco años, coincidiendo con la expansión masiva de centros de datos. La modernización de las redes eléctricas para abastecer servidores que funcionan 24 horas al día acaba repercutiendo en la factura de la luz de los residentes. Ya son 69 jurisdicciones en EE.UU. las que han impuesto moratorias o restricciones a nuevas instalaciones, según Fortune, y en 2025 la oposición local bloqueó o retrasó 16 proyectos valorados en 64.000 millones de dólares.

Resultados de la encuesta realizada entre el 2 y el 18 de marzo de 2026. Ilustración: Gallup
Aragón en el punto de mira
El fenómeno no es exclusivamente estadounidense. En España, Amazon ha apostado fuerte por Aragón para instalar varios centros de datos, una región que ya sufre estrés hídrico severo. Los centros de datos consumen cantidades ingentes de agua para refrigerar sus equipos —se calcula que en 2030 el sector usará 664.000 millones de litros al año a nivel global, frente a los 239.000 millones de 2024, según CNBC—, lo que ha abierto una pugna directa entre empresas tecnológicas, agricultores y activistas medioambientales. La UE ha comprometido 15.000 millones de euros en infraestructura hídrica para 2025-2027, pero los protocolos regulatorios en España siguen sin estar del todo definidos.

Ruido que enferma
Más allá del agua y la energía, hay un problema que cuesta ver pero se siente: el ruido. Los potentes sistemas de ventilación de estos edificios generan un zumbido continuo, a veces a frecuencias infrasonoras, que según TechRadar ha provocado en residentes cercanos mareos, náuseas, vértigo e insomnio. Algunos proyectos ya han sido bloqueados precisamente por esta causa. La mitad de los opositores en EE.UU. cita el consumo excesivo de recursos, y un 16% menciona directamente la contaminación acústica.
¿Qué viene ahora?
La UE ha aprobado el Cloud and AI Development Act, que vincula los permisos de nuevos centros de datos al cumplimiento de requisitos de eficiencia energética y uso del agua. Es un paso, pero la regulación llega tarde para comunidades que ya conviven con el ruido y la sequía. La pregunta que se hacen muchos vecinos en Aragón y en otras regiones es sencilla: ¿quién decide si el progreso tecnológico merece este precio?